domingo, 20 de junio de 2010

¿y entonces como queda la autoridad de Urosa?

¿y entonces como queda la autoridad de Urosa?

El cura párroco de la Iglesia del Rosario, sector La Lago, de la ciudad de Maracaibo, José Tomás Villanueva, fue sacado en voladillas de su iglesia, de su parroquia, y reducido, canónicamente, a una situación severamente restrictiva de su condición sacerdotal: se le prohibió confesar, se le prohibió dar la comunión, no puede bautizar, no puede presidir la ceremonia del matrimonio, etc., y sólo puede decir misa en solitario, sin ningún fiel a su alrededor, quedando en el estado previo a la suspensión definitiva de su ministerio sacerdotal.
Las causas que motivan semejante sanción y que tienen que desembocar, inevitablemente en la suspensión definitiva del sacerdote, son gravísimas y lo peor de todo esto y que traerá consecuencias de mucho fondo, es que la Santa Sede, por mandato de Su Santidad, Benedicto XVI, ordenó al obispo titular de la diócesis del Táchira, monseñor Mario Moronta, de reconocida autoridad y prestigio en la Iglesia venezolana y en el Vaticano, por ser miembro de la Secretaría o Dicasterio para la Doctrina de la Fe, de la cual fue su titular, antes de asumir el papado, Joseph Ratzinger, trasladarse a la Arquidiócesis de Maracaibo y, actuando en función de toda su autoridad en cumplimiento del mandato recibido, poner orden en la gravísima y escandalosa situación protagonizada por el párroco suspendido, José Tomás Villanueva.

El delito y los agraviados
Aún cuando hay hermetismo, casi que de clausura en torno al caso y nadie da informaciones (hicimos ingentes esfuerzos por localizar a monseñor Mario Moronta sin que pudiéramos encontrarlo, por lo cual, las informaciones relacionadas con su personalísima actuación, no pudieron ser corroboradas), se pudo conocer que el obispo del Táchira, monseñor Moronta, tuvo reuniones con varias familias afectadas por la conducta del sacerdote en su relación con menores de edad, reponiéndose una vez más, al trascender de nuevo y ya en medio de mayúsculo escándalo, cuanto se encuentra relacionado con la homosexualidad de tantos sacerdotes de la Arquidiócesis de Maracaibo en medio del silencio e indiferencia de monseñor Ubaldo Santana Sequera, arzobispo de la Arquidiócesis de Maracaibo y presidente reelecto, de la Conferencia Episcopal Venezolana, quien se encuentra al corriente y desde hace muchos años, de cuanto ocurre en su jurisdicción y a los cual le ha sacado el cuerpo para no complicarse la vida resolviendo tan gravoso como infame asunto.

Monseñor Santana, severamente cuestionado por su conducta contemplativa ante tan denigrante frente, muy tormentoso, que involucra a muchos sacerdotes de vida escandalosa y a los cuales el arzobispo de Maracaibo y demás autoridades superiores de la Iglesia venezolana se niegan a encarar, a pesar de la firme y drástica posición asumida por el Santo Padre, quien ha exigido, reiteradamente, a los Ordinarios del mundo entero, actuar con severidad frente a las desviaciones de los sacerdotes incardinados a sus territorios episcopales.

El personaje
José Tomás Villanueva, empezó su carrera sacerdotal, estudiando para ser sacerdote Agustino, pero se salió —no se sabe quién puso fin a esa vinculación— pero el hecho cierto es que se pasó al Seminario Arquidiocesano, siendo arzobispo de Maracaibo, Ovidio Pérez Morales quien, siendo todavía diácono el seminarista Villanueva, lo nombró Secretario Canciller de la Arquidiócesis, pasando por encima de todos los sacerdotes de prestigio, honorables, de digno, piadoso y pastoral ejercicio ministerial.
Siendo sacado de Maracaibo monseñor Pérez Morales, en medio del peor escándalo que también sacudió a la Iglesia zuliana y venezolana, y enviado a la diócesis de los Teques, se llevó consigo al sacerdote Villanueva y lo puso de rector del Seminario Diocesano donde protagonizó un escándalo cuando un grupo de seminaristas encontró, en el cuarto del Rector, cantidad de revistas altamente comprometedoras; Villanueva sale del seminario que fue cerrado, y se va a España a estudiar, de donde el propio arzobispo, Ubaldo Santana, se ve obligado y compulsivamente, a traérselo a Maracaibo.

Monseñor Ubaldo Santana Mosquera quiere paz, representatividad, que nada lo perturbe y de allí, que le huye a todos los problemas que puedan inquietarlo o sacarlo de su pasividad, razón por la cual no quiere ni siquiera oír hablar de la red de sacerdotes homosexuales que tienen en Maracaibo, una suerte de reducto o lugar de concentración.

Esta actitud ante la vida es lo que explica, a nuestro juicio, que la superior autoridad de la Iglesia católica, apostólica y romana, haya tenido que destacar en misión especial al obispo, Mario Moronta, titular de la diócesis del Táchira, a intervenir en la arquidiócesis de Maracaibo, donde es titular un Arzobispo a quien poco importó que un obispo, de menor jerarquía a la suya, tuviera que hacerse cargo de la solución de un problema que él, Ubaldo Santa Mosquera conocía, pero quiso convivir con el problema antes que encarar la solución.

De paso, el sacerdote Villanueva, en Semana Santa, y ya sancionado, desacató la orden superior, y celebró misa en una casa propiedad de un vecino de la parroquia de El Rosario, de donde había sido sacado, en castigo disciplinario, y en la celebración de la Santa Misa se hizo acompañar por un grupo de vecinos.

La Nunciatura Apostólica en Caracas
Todos los nuncios que han estado acreditados en Venezuela, desde el año 2000 a la fecha, están informados, con nombres y apellidos, de los sacerdotes implicados en el mundo que subyace en torno a este diabólico caso, pero el silencio, ha sido la constante en el manejo de tan infamante conducta que tanto daño ha causado y seguirá produciendo a la Iglesia.

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